Carta Abierta al Sistema de Atención Médica de Emergencias -SAME- Monte

Monte, 26 de junio de 2025

A quien corresponda,

Me cuesta mucho escribir estas líneas. Lo hago desde el dolor más profundo, desde la bronca contenida y la tristeza inmensa de haber perdido a mi padre. Pero también lo hago con la convicción de que esto no puede volver a pasar. Que como sociedad nos merecemos algo distinto.

Hace pocos días mi papá falleció. Era una persona con antecedentes cardíacos, con una cirugía previa y un diagnóstico de insuficiencia cardíaca. Estuvo tres días descompuesto, con síntomas que claramente indicaban que algo no estaba bien. Llamamos al SAME – San Miguel del Monte buscando ayuda, confiando en que recibiríamos una atención profesional y humana. La médica que se acercó a nuestro domicilio fue informada, con claridad, de la condición de mi papá. Le explicamos su historial, su vulnerabilidad, su malestar. Le dijimos también que, debido a su descompostura, no estaba pudiendo tomar su medicación habitual para el corazón. Aun así, la respuesta fue alarmantemente, indiferente: unas gotas de Reliverán y que se mantenga hidratado. Nada más.

Al día siguiente, mi papá falleció. Murió del corazón.

Jorge Rivero Q.E.P.D.

No sé si su muerte podía haberse evitado, pero sí sé que merecía una evaluación más exhaustiva, una mirada más cuidadosa, una escucha más atenta. Sobre todo, merecía empatía. Nosotros, su familia, también. Porque cuando uno llama a emergencias, lo hace desde la angustia y la urgencia. Espera que quien llegue sea alguien que escuche, que entienda, que actúe con responsabilidad. No fue el caso.

Por eso esta carta no es solo una queja. Es un pedido. Un llamado de atención. Un grito contenido. No se trata de culpas individuales, sino de revisar cómo están funcionando los protocolos, la formación y, sobre todo, el trato humano en un servicio que debería estar para cuidar.

El SAME es un servicio vital. Fundamental. Es el primer contacto de muchas personas con el sistema de salud en momentos críticos. No puede fallar en lo esencial: en la escucha, en el cuidado, en el compromiso de actuar con profesionalismo y sensibilidad.

Mi papá ya no está. Pero ojalá su historia sirva para que otros no pasen por lo mismo. Porque nos merecemos vivir en una sociedad donde el sistema de salud no sea solo una estructura fría, sino un verdadero acompañamiento en los momentos más difíciles.

Con respeto, con dolor, y con esperanza de que algo cambie.

Franco Rivero, Agustina Rivero, Victoria Rivero . Hijos de un padre que ya no está.